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CRÓNICA | España, en un santiamén: 8-0

La selección, que solo marcó un gol (Costa) en un primer tiempo anodino, se desmelenó en el segundo con tres dianas (Sergi Roberto, Silva y Vitolo) entre el minuto 54 y el 59
Gol de Diego Costa
Mon, 05/09/2016 - 22:54

El equipo volvió a mostrar una cara muy ilusionante en cuanto apretó el acelerador: Costa hizo el segundo de los suyos y Morata dos espléndidos nada más saltar al campo. Silva selló la masacre.

Es generalmente verdad aquello de que en el fútbol actual se sigue una natural tendencia al equilibrio entre países. No se da en todos los casos, pero lo evidencian los resultados. Sobreviven, sin embargo, selecciones para las que alcanzar a echarle un pulso a las mejores resulta una tarea tan ardua como inútil. Valgan como ejemplo un par de frases de lo más irónicas del seleccionador de Liechtenstein y de uno de sus jugadores. Dijo el primero que “no juega Iniesta, ganamos” y corroboró el segundo, afirmando, entre sonrisas,  que “cuando acabe el partido, seguro que los españoles se pegan por nuestras camisetas”.

No hay lugar en estos tiempos ni para lo uno ni para lo otro. Liechtenstein se había enfrentado seis veces a España, aquí y allí, con un saldo aterrador: seis derrotas, 23 goles encajados, ninguno marcado. Esas cifras tan esclarecedoras prueban la enorme distancia entre su fútbol y la evidencia de que sigue habiendo “cenicientas” en este fútbol, viajeros infatigables de la fe en un futuro mejor,  jóvenes voluntariosos en pos de una gloria que no les llega, en fin, equipos que solo pueden echarse en un sofá y soñar con tiempos mejores que no asoman. Todavía.

Con la misma cara de equipo que el que saltó al campo en Heysel, salvo Costa, que en el Reino de León ofició de titular, y Sergi Roberto, que ocupó la banda de Carvajal, como si ya Lopetegui estuviese cerca de la diana del equipo o del casi equipo que busca por pronto que resulte, España no tardó ni un suspiro en darse cuenta de a lo que llegaba Liechtenstein: cuatro jugadores atrás, cinco un poco por delante de ellos y uno sin llegar a pisar el medio campo. Una barrera natural y numerosa tan rudimentaria como voluntariosa, pero barrera, al fin y al cabo.

A España le costó hallar el pulso a lo que los obstáculos requerían y la intensidad para evitarlos de un plumazo. Superar a un equipo que defiende con todo lo que tiene requiere de ciertas manijas que no siempre funcionan cuando hay tanto que eludir. No lo logró la selección hasta el saque de una falta lateral a los 10 minutos de partido. La botó Koke y la peinó de cabeza Costa, superando los intentos de Piqué y Ramos que habían acudido a ejecutar la mejor de sus opciones defensivas. La diana del ariete fue multitudinariamente celebrada por sus compañeros. Llevaba mucho tiempo buscándola. Demasiado.

Liechtenstein no modificó su actitud, loable se mire como se mire, a pesar de la diana. Qué más les da a ellos que les hagan uno o tres siempre que las cifras sean razonablemente honorables. Así que el partido siguió el guión marcado desde que se supo el enfrentamiento y el curso de los primeros minutos. Busquets se apoderó del medio campo; Ramos y Piqué se situaron en la línea central; Koke y Alba percutieron por la izquierda; Silva, más trabado que en Bruselas,  porque esta vez había muchos más adversarios, aunque fueran de inferior calidad, buscó los espacios interiores y Thiago, a su diestra, el pase largo para abrir el juego. A los 15’, Lopetegui cambió de bandas a Koke y Vitolo. España dominaba, mandaba en el marcador, pero no lucía en un duelo sin tensión. Son cosas que pueden suceder cuando un equipo se enfrenta a un enemigo claramente inferior que basa su destino en la tarea enormemente sacrificada de una muchedumbre de defensores, de discreto nivel, y hasta asfixiados por el calor, pero muchedumbre.

Cerrados los espacios defensivos interiores de Liechtenstein y sin salida España por los exteriores, a los 34’ Liechtenstein se permitió el lujo no ya de avanzar, sino de sacar un córner, sorprendido Alba. Era una noticia en un duelo marcado por la distancia, pero menguante en juego y sin que la selección acertara a imponer el ritmo preciso, bien por el número de adversarios con los que se topaba, bien por sus imprecisiones que condujeron a un fútbol deshilachado, bien por el apagón de Silva… O por los calores de la noche. O por todo ello. El caso es que a excepción de una jugada larga con remates varios allá por los 40’ el cancerbero de Liechtenstein apenas pasó apuros. ¡Quién se lo iba a haber dicho a la hora de la siesta!

Lopetegui  trató de remediar, consiguiéndolo, la falta de explosividad del equipo reforzando el ataque aún a costa de sacrificar a Thiago. Entró Nolito en banda izquierda, con lo que se formó un tridente compuesto por el gaditano, Costa y Vitolo. A los 51’, Koke estrelló en la cruceta del portal visitante un balón a saque de falta, aviso de los vientos que soplarían a partir de ese instante. El cambio aportó más vigor ofensivo, el equipo español pisó el acelerador y todo eso se tradujo en más y más continuados peligros. Nada que pudiera sorprender si acaso por la tardanza. A los 54’ Sergi Roberto aprovechó un balón vertical para lograr el segundo tanto, burlando la salida del portero; a los 58’, Silva remachó un pase de Vitolo sobre la misma línea de gol y uno más tarde, a los 59’, fue este el que hizo el cuarto a puerta vacía. Es decir, un santiamén bastó para poner a cada uno en su sitio. A los 65’, Costa volvió a demostrar su hambre: recogió un balón dentro del área, quebró a su tibio marcador, remató con la izquierda, desvió el cuero el guardameta de Liechtenstein y él mismo lo cabeceó al fondo del marco. La manita. La aparición felicísima de Morata no hizo otra cosa que disparar las diferencias. En dos minutos marcó dos espléndidos goles marca de la casa. Silva selló la masacre. 

El duelo entre el gigantes y el que aspiraba a ser mata gigantes acabó como tenía que acabar. Ni hubo sorpresa en el Reino de León, ni Liechtenstein ha subido uno solo de los peldaños que pueden acercarle a lo inaccesible, esto es, España. Sin estridencias al principio, con la contundencia y el estrépito precisos cuando debía mostrarlos, la selección de Lopetegui obtuvo sus tres primeros puntos de la fase de clasificación para el Mundial 2018 con un segundo tiempo muy ilusionante. Estaba escrito hace mucho. Hay cosas que, por mucho tiempo, nada va a cambiar.