Alfredo Di Stéfano, la mítica Saeta Rubia, cumple 88 años
Hablar de Di Stéfano es hablar de una leyenda viva. Entre las décadas de los 50 y 60 iluminó a toda una generación de aficionados y su fútbol continua siendo admirado hoy en día. Todo el material audiovisual que se conserva de aquella época muestra a las claras la magnitud de un jugador adelantado a su tiempo, que hizo de la calidad su bandera y que regaló a España sus mejores años de fútbol.
Nacido en Argentina el 4 de julio de 1926, sus primeros pasos como profesional los dio en su país natal, hasta que llegó a España y se nacionalizó en 1956. El 30 de enero de 1957 debutó con la Selección en un recordado partido ante Holanda, en el que el equipo entonces dirigido por Manuel Meana venció a Holanda en el Bernabéu por un contundente 5-1. En su primer partido dejó claro que aquel no era un jugador más. 3 goles en los 90 minutos le valieron para comenzar a escribir con letras de oro su andadura por una Selección en la que entonces compartía vestuario con otros grandes nombres de nuestro fútbol.
Aquella delantera estaba formada, además de por Di Stéfano, por Kubala, Luis Suárez y Gento, una alineación memorable e irrepetible con la que la Saeta Rubia empezó a acribillar las porterías contrarias. Con España jugó 31 partidos en los que anotó 23 goles, que le convirtieron durante décadas en el máximo artillero de la Selección. Por caprichos del destino nunca pudo disputar un Mundial con España, pero su importancia en aquella generación quedó patente cuando, lesionado en uno de los últimos partidos de preparación para el Mundial de Chile 1962, acompañó al combinado nacional a la concentración en el país andino. Pese a no poder pisar el césped, su presencia en el banquillo era capaz de intimidar a los rivales.
Esos fueron sus últimos días con el equipo nacional. La fina técnica a la hora de conducir el balón y driblar y la fiereza que mostraba de cara a la portería contraria son el mayor y mejor legado que han dejado sus años dorados. ¡Felicidades y gracias, pibe!