Aniversario del nacimiento de Mariano Arrate, el futbolista que llevó por primera vez el nombre de España en unos Juegos
El defensa vasco fue uno de los pioneros de la Selección que participó en Amberes y el jugador que más choques disputó en aquella cita olímpica
Vie, 12/08/2016 - 11:54
A mediados de los años 50 del siglo pasado, España iba poco a poco dejando atrás el aislamiento internacional a la espera de la visita del presidente estadounidense Ike Eisenhower. La cartilla de racionamiento pasaba a ser historia en 1952, un año antes de que la censura convirtiese un caso de adulterio en un incesto con Grace Kelly de protagonista en Mogambo justo cuando el cine se hacía grande en nuestro país con el nacimiento del Festival de San Sebastián.
Justo allí en el puerto de la capital guipuzcoana se jubilaba un humilde trabajador, operario de una de las grúas llamado Mariano Arrate Esnaola, easonense de cuna y gran aficionado al deporte.
De hecho no muchos sabían ver en aquel recién jubilado -nacido el 12 de agosto de 1892- y antiguo estibador del puerto, al joven que años atrás había llevado el nombre de España por primera vez en una ceremonia inaugural de unos Juegos Olímpicos, los celebrados durante el verano de 1920 en Amberes.
Fueron aquéllos los primeros que se organizaban tras la I Guerra Mundial, cuyos países derrotados no pudieron participar, la primera que mostró al mundo la popular bandera olímpica (adoptada en el Congreso de 1914), la primera que incluyó el juramento de los atletas y la primera en la que se llevó a cabo una suelta de palomas como símbolo de la paz.
En ese ambiente emotivo y solemne con el rey belga Alberto I presidiendo la ceremonia, España llegaba por primera vez con una delegación organizada de unos 60 deportistas incluyendo a la recién creada Selección Española de Fútbol.
Y fue precisamente un futbolista, luciendo el característico uniforme rojo de la época con un león rampante en amarillo a la altura del corazón, el elegido para encabezar la comitiva española durante el desfile portando el nombre de nuestro país justo delante del joven atleta José García Lorenzana, primer abanderado de España en unos Juegos muchos antes de que lo fuesen Pau Gasol, Rafa Nadal o el hoy rey Felipe VI.
Mariano Arrate entraba así en la historia a sus 28 años recién cumplidos en unos Juegos Olímpicos en los que disputó cuatro partidos, más que cualquier otro jugador de aquella primera Selección, ejerciendo la capitanía en el segundo partido ante Bélgica en sustitución del lesionado Belauste y marcando el tanto de España (segundo en su historia) durante ese choque, llamado gol del honor porque apenas sirvió para reducir distancias (3-1) ante los anfitriones y porque el bravo defensa vasco de 1,90 de altura le dio la mano al meta belga Jean De Bie nada más marcar.
Una anécdota que habla de la nobleza de Arrate, nacido hace justo 124 años en San Sebastián donde nos dejó ya jubilado de la grúa, en la Nochebuena de 1963. Medio siglo después de haber sido uno de los protagonistas del partido inaugural del mítico estadio de Atocha, donde a aquellos pioneros de la Selección se les ofreció un multitudinario homenaje a su regreso de Amberes con la medalla de plata colgada al cuello.
Una bonita historia, la del combinado nacional, cuyo primer capítulo se escribía por aquellas fechas y a la que hoy seguimos llenando páginas con idéntica ilusión a la de los inicios.
Foto: Josep Maria Co i de Triola, Josep Maria / Memòria Digital de Catalunya.
Justo allí en el puerto de la capital guipuzcoana se jubilaba un humilde trabajador, operario de una de las grúas llamado Mariano Arrate Esnaola, easonense de cuna y gran aficionado al deporte.
De hecho no muchos sabían ver en aquel recién jubilado -nacido el 12 de agosto de 1892- y antiguo estibador del puerto, al joven que años atrás había llevado el nombre de España por primera vez en una ceremonia inaugural de unos Juegos Olímpicos, los celebrados durante el verano de 1920 en Amberes.
Fueron aquéllos los primeros que se organizaban tras la I Guerra Mundial, cuyos países derrotados no pudieron participar, la primera que mostró al mundo la popular bandera olímpica (adoptada en el Congreso de 1914), la primera que incluyó el juramento de los atletas y la primera en la que se llevó a cabo una suelta de palomas como símbolo de la paz.
Arrate debutó como futbolista en el modesto club Luchana y desarrolló su carrera en la Real Sociedad, donde se retiró en 1924
En ese ambiente emotivo y solemne con el rey belga Alberto I presidiendo la ceremonia, España llegaba por primera vez con una delegación organizada de unos 60 deportistas incluyendo a la recién creada Selección Española de Fútbol.
Y fue precisamente un futbolista, luciendo el característico uniforme rojo de la época con un león rampante en amarillo a la altura del corazón, el elegido para encabezar la comitiva española durante el desfile portando el nombre de nuestro país justo delante del joven atleta José García Lorenzana, primer abanderado de España en unos Juegos muchos antes de que lo fuesen Pau Gasol, Rafa Nadal o el hoy rey Felipe VI.
Mariano Arrate entraba así en la historia a sus 28 años recién cumplidos en unos Juegos Olímpicos en los que disputó cuatro partidos, más que cualquier otro jugador de aquella primera Selección, ejerciendo la capitanía en el segundo partido ante Bélgica en sustitución del lesionado Belauste y marcando el tanto de España (segundo en su historia) durante ese choque, llamado gol del honor porque apenas sirvió para reducir distancias (3-1) ante los anfitriones y porque el bravo defensa vasco de 1,90 de altura le dio la mano al meta belga Jean De Bie nada más marcar.
Una anécdota que habla de la nobleza de Arrate, nacido hace justo 124 años en San Sebastián donde nos dejó ya jubilado de la grúa, en la Nochebuena de 1963. Medio siglo después de haber sido uno de los protagonistas del partido inaugural del mítico estadio de Atocha, donde a aquellos pioneros de la Selección se les ofreció un multitudinario homenaje a su regreso de Amberes con la medalla de plata colgada al cuello.
Una bonita historia, la del combinado nacional, cuyo primer capítulo se escribía por aquellas fechas y a la que hoy seguimos llenando páginas con idéntica ilusión a la de los inicios.
Foto: Josep Maria Co i de Triola, Josep Maria / Memòria Digital de Catalunya.