Actualidad
07 Junio 2016

​CRÓNICA | La EURO es lo que importa

España cierra su preparación con una inesperada y sorprendente derrota (0-1) ante Georgia. La selección no encontró premio a su superioridad frente a un rival inferior, pero extraordinariamente eficaz en defensa. No hubo soluciones ante eso
  1. Carmelo Rubio
España cierra su preparación con una inesperada y sorprendente derrota (0-1) ante Georgia. La selección no encontró premio a su superioridad frente a un rival inferior, pero extraordinariamente eficaz en defensa. No hubo soluciones ante eso

Era el último de los tres partidos preparatorios de la selección antes de su gran cita en Francia, Bosnia i Herzegovina, República de Corea y Georgia, por este orden, en Saint Gallen, Salzburgo y Getafe, y debía haber sido según los doctos el que mostrara el “once” titular antes de la cita de la Euro 2016 o eso daban por hecho los sabios. Lo suponían porque cinco días antes del debut en el Torneo, el próximo lunes, día 13, ya no había márgenes para más pruebas. O hacia eso apuntaban todos los cálculos. No contaban, sin embargo, con Vicente del Bosque, que debió sorprenderles con otra formación inesperada. O, al menos, no con la definitiva. Pero, ¿qué cambia eso? ¿Sabe alguien hoy cuál será? ¿Creía alguien, acaso, que España iba a salir de su prueba final como salió?

España formó de salida con muchos de los que se dan por seguros en Francia y suponemos que con algunos que tendrán que esperar su oportunidad. A la vista de los que estaban en el banquillo, Casillas, Silva, Iniesta, Morata, entre otros, probables y posibles, para no definirnos, el ensayo lo fue en toda la extensión de la palabra. Entró Juanfran por primera vez tras sus grandezas del año y su pena europea, y, también, De Gea; apareció Ramos flamante después de su felicidad champions; estuvo de nuevo Thiago, haciendo de eso que no quiere hacer o decir que hace, como Xavi, se entiende; regresó Aduriz en el eje por el tocado Morata, y, sobre todo, sobre todo, el seleccionador trató de encontrar respuesta a uno de sus sueños: abrir el campo. Lo hizo con el debutante Lucas Vázquez, por la derecha, y con el pertinaz Nolito (tres amistosos, tres titularidades), por la izquierda. Y con todos ellos, Cesc, del que el seleccionador no ha prescindido como titular inicial en ninguno de los tres amistosos. ¿Será por algo? Debe serlo, no me atrevo a decir…

Georgia no es un rival de primer nivel. Nada se descubre con ello. Pero tampoco son unos mangas. En sus dos encuentros anteriores frente a España no había conseguido marcar, pero solo había encajado tres goles hasta llegar a Getafe. Tres goles en dos partidos. La aparente superioridad abrumadora del campeón de Europa no lo es tanto en el marcador cuando se trata de los georgianos. Tampoco esta noche en la cálida noche de Getafe. A España volvió a costarle crear peligro ante el numeroso ejército defensivo de Weiss. Y le costó porque Georgia no tuvo reparo alguno en defender con todo lo posible, una tropa físicamente bien preparada, defensivamente corpulenta, con oficio y sin concesiones. La conclusión fue que la selección hubo de conformarse con tener mucho el balón, jugarlo con soltura hasta el borde del área y con muchas más dificultades a partir de ahí. La primera mitad se saldó así con un cabezazo peligroso de Ramos (3’), un gran testarazo de Aduriz que lamió el poste izquierdo del guardameta georgiano, tras una gran internada y mejor centro de Lucas Vázquez (22’), y un remate al palo derecho de Thiago (27’). Sin duda, menos de lo esperado.

 Nadie se esperaba al filo del descanso que aquel conglomerado destructor que era Georgia se adelantara en el marcador en el Alfonso Pérez. No habían mostrado demasiadas intenciones de lograrlo, pero digamos que se toparon con la ocasión y tampoco había por qué desaprovechar una si se presentaba. España perdió un balón en medio campo propio, no acertó a defenderlo con seguridad, de modo que el cuero acabó a pies de Okrisahvili, que, quizás más adelantado que el balón, aprovechó el momio que le pusieron en los pies. Se quedó helado el recinto, se quedó helado el equipo y se quedó helado el seleccionador, que después de la ducha y la consiguiente reflexión sacó al campo a cuatro piezas de refresco: Bellerín, Iniesta, Koke y San José, es decir, un defensa y tres volantes, demostración fehaciente de dónde veía Del Bosque los problemas a resolver. Se quedaron dentro Juanfran, Ramos, Cesc y Thiago.

España mejoró porque reforzó el centro y con Iniesta cubrió espacios interiores antes ignorados. Un fuerte golpe entre Busquets y el portero georgiano, del que ambos salieron sangrantes y parcheados, frenó a poco de iniciada la segunda mitad la reacción española. A los 61’ entró en el campo Silva, lo que aumentó el poder español en medio campo y quebró el proyecto del campo abierto, anhelo irrealizable esta noche. España empezó a buscar soluciones más por los interiores, pero Georgia no ofreció resquicios defensivos, ni metros por los que disfrutar. El agobio fue a más a medida que mejoraba la selección y se hacía patente la diferencia, pero la resistencia georgiana ante el mejor resultado de su historia empezó a hacerse épica. Sin demasiadas angustias, es cierto, pero premiando su formidable fútbol defensivo, todo hay que decirlo.

Todas las derrotas son amargas. Más cuando nadie piensa que puedan producirse, que es el caso de la sufrida ante la muy modesta Georgia. Pero no hay que ir más allá de eso ni rasgarse las vestiduras. Es verdad que faltaron fútbol y tino, pero no es probable que en Francia checos, turcos y croatas defiendan tan bien como esta noche lo han hecho en Getafe unos humildes modestos, abnegados y ejemplares jugadores georgianos.

O eso es lo que todos esperamos. Yo, el primero.