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CRÓNICA | Macedonia importa más

Mié, 07/06/2017 - 23:53

*España empata (2-2) ante una excelente Colombia, en un partido vibrante de principio a fin.

*Silva adelantó a la selección, que, a su vez, fue superada con dos dianas de Cardona y Falcao, ventaja que neutralizó finalmente Morata a los 86’.


España regresó a la Nueva Condomina, dónde solo sabía de victorias, tres, frente a Argentina, Bosnia Herzegovina y Polonia, para empatar, esta vez, ante la excelente selección de Colombia, segunda en la fase de grupo de la zona CONMEBOL, a la zaga de Brasil y por delante de grandes como Chile, Argentina y Uruguay; Colombia, quinta del ranking FIFA, unos palmos más arriba que España, conviene recordarlo para medir bien quién estaba enfrente. Volvió España para hacer tablas en un partido de riesgo, con el estadio abarrotado a los modos de la capital murciana, que bate récords cada vez que la nacional pisa la región, miles de los que lo llenaban seguidores de la colombiana de James, un equipo de cuerpo entero, rodeado el “Niño” de gentes como el guardameta Ospina, el goleador Falcao, el volante Cuadrado... Un adversario de fuste. Y mucho.

"Si España mandaba en el medio estaba obligada a atacar y, por ende, a arriesgar"


     Presa de mayores preocupaciones, indudablemente el próximo envite pre Mundial el próximo domingo, frente a Macedonia, en Skopje, en la que ya ha ganado, aunque con enormes dificultades, Italia, y dónde tendría no sabemos qué consecuencias, pero si alarmantes no puntuar, Lopetegui formó un equipo que podríamos calificar, quizás atrevidamente, sorpresa para enfrentarse a la selección colombiana; un “once”, de salida, sin algunos de esos a los que tantos tenemos como fijos sin discusión. Es decir, tipos como Busquets, Thiago y Diego Costa y, si me apuran, Álvaro Morata, y, además, sin De Gea, indispuesto desde la víspera, amén de ausentes Carvajal, Ramos e Isco.
Siguiendo las pautas de siempre, las que empezaron a marcarse en 2007, España se hizo dueña del centro del campo apenas puesto el balón en juego. Ni Pekerman ni ninguno de los volantes de su equipo, Sánchez, Cuadrado, Armero, Aguilar, se lo discutieron. En realidad, no tenían mucho que discutir porque su intención era otra: si España mandaba en el medio estaba obligada a atacar y, por ende, a arriesgar. Son las sencillas leyes del fútbol. Eso, a su vez, podía permitir a Colombia que contragolpeara. Otra de las lecciones del catón. Pekerman contaba para ello con tres flechas: James, por la derecha; Falcao, por el centro y Edwin Cardona, por la izquierda. Amagaron con ello un par de veces antes de los diez minutos de juego. Más que flechas, rayos.

"Silva, ese prodigio de todo"


      El primer tiempo resultó muy movido por distintas razones, fácilmente predecibles: la calidad y número de los jugadores españoles, y de las que ya tenemos sobradas noticias, obligados, esta vez, a medirse con un rival sin miedos, seguro de sus fuerzas, con el aval de sus resultados y de sus talentos. Como no se achicó Colombia, los 45 minutos resultaron muy atractivos. Justo en el ecuador del tiempo, cayó Iniesta por su zona en la izquierda tras sufrir un golpe, mientras por la derecha se creaba un muy veloz ataque de España, que llevó casi hasta la línea de fondo Azpilicueta. A rematar su centro salió ese prodigio de todo, ahora por la derecha, luego por la izquierda, a veces por el centro, que es Silva para empalmar el balón sobre la marcha. Lo rechazó Ospina, el portero, que mucho antes ya había solventado una difícil y doble papeleta ante el mismo David, pero no pudo impedir que el balón entrara tres palmos en su marco. A nadie puede extrañar que Silva haya sido elegido mejor jugador del año en el City.

El público se lo pasó en grande


       Una virguería, taconazo de espaldas que se fue al lateral, de ese torbellino que es Aspas al borde de la media hora pudo aumentar la ventaja de España, incomodada por el vigor de su adversario que a los 34’ dispuso de su mejor ocasión. La tuvo el “Niño” James, esta vez en la que parece natural su zona, la de lo que antes se llamaba el interior izquierdo. James hizo dos fintas y remató con el exterior, un tiro combado y con letal intención que se perdió a medio metro del palo izquierdo de Reina. Nada mejor que sucediera todo eso para que el público se lo pasara en grande y para que España midiera sus fuerzas en el centro, comprobara las que tiene adelante y su resistencia atrás. Por ahí estuvieron muy firmes Piqué, a pesar de la grosera pitada que acompañó casi a cada una de sus intervenciones, Nacho e Illarramendi, lo que no impidió que empatara Edwin Cardona al filo de los 40’, tras un remate poco estético que, esta vez, nadie pudo evitar. Colombia acabó muy crecida la primera mitad.

        Nada de cuanto había sucedido podía darse por inesperado o chocante. Los que no sabían de la fortaleza colombiana empezaron a darse cuenta de ella en cuanto España bajó el pistón en el centro del campo, en el que sus dos hombres clave, Iniesta y Silva, sufrieron una persecución pertinaz con daños físicos a menudo. Lopetegui, con buen criterio, les dejó en la reserva tras el descanso. De golpe entraron Monreal, Asensio y Saúl. Sin embargo, a los nueve minutos de la reanudación, un largo saque de esquina al segundo palo lo remachó de cabeza el matador Falcao, muy metido en lo suyo, que, sencillamente, es eso durante todo el partido. Radamel volvió a acreditar que quien tuvo, retuvo. La hinchada colombiana, naturalmente, se lo estaba pasando en grande.

"Saúl progresó por la izquierda y su centro magnífico lo selló Morata"


       Fue tras el gol cuando Lopetegui dio entrada a Álvaro Morata. Todo en el equipo español rezumaba la ansiedad de los jóvenes, el tufo de que a partir de ahí cualquier cosa resultaba posible. Koke pudo empatar al saque de una falta en el minuto 59, pero respondió Ospina con una gran parada. Falta del temple de tiempos mejores, el que hasta que estuvieron en el campo mostraron Iniesta y Silva, ejemplos pre claros de lo que es tener el balón y saber administrarlo, España recurrió al nervio y al corazón veinteañero para tratar de revertir el marcador. Un cabezazo de Morata (62’) estuvo cerca de ello. La selección le echó un enorme genio a la cuesta arriba que tenía por delante y su empeño juvenil acabó encontrando recompensa. Era de justicia. Con once jugadores que difícilmente volverán a encontrarse juntos, con un equipo radicalmente diferente al que saldrá al campo en Skopje, seguro, España halló premio a su derroche. A los 86’, Saúl progresó por la izquierda y su centro magnífico lo selló Morata, peinando perfectamente el balón. El vuelo de Ospina fue inútil.

   Era el sello a un duelo trepidante y, quizás, el más justo de los resultados. Quizás.