Fallece Don Alfredo, la inmortal Saeta Rubia
Hablar de Di Stéfano es hablar de una leyenda. Entre las décadas de los 50 y 60 iluminó a toda una generación de aficionados y su fútbol continúa siendo admirado hoy en día. Todo el material audiovisual que se conserva de aquella época muestra a las claras la magnitud de un jugador adelantado a su tiempo, que hizo de la calidad su bandera y que regaló a España sus mejores años de fútbol.
Nacido en Argentina el 4 de julio de 1926, sus primeros pasos como profesional los dio en su país natal, donde germinó su gran pasión. Como él mismo confesaba, "el deporte en general siempre me gustó, atletismo, el básquet... Yo he sido deportista de pequeño, con el colegio Nacional tenía que ir a hacer clases de gimnasia al lado de Obras Sanitarias, en Gimnasia y Esgrima, dos veces por semana hacíamos gimnasia, corría 100 metros, 800, de todo".
Cuando recaló en España asombró al país entero. Así lo contaba en un reportaje de la revista argentina El Gráfico: "Una apretada sintesis de la vida de Di Stéfano da cuenta que se inició en las inferiores de River, que debutó en 1945, luego fue un año a préstamo a Huracán, volvió a River para ser campeón y goleador en 1947 y en 1949, cuando estalló la huelga en el fútbol argentino, se embarcó rumbo a la liga pirata de Colombia con otros cracks como Pedernera y Pipo Rossi. Deslumbró en el “ballet azul” de Millonarios y en 1952, con motivo de cumplirse el 50 aniversario del Real Madrid, visitó España con el conjunto colombiano y bailó al agasajado por 4–2. Santiago Bernabeu, el presidente que luego sería metro, calle y estadio, quedó asombrado con el rubiecito de 26 años que corría por todo el campo y quiso contratarlo".
El 30 de enero de 1957 debutó con la Selección (había llegado a España en 1953 y se nacionalizó en 1956) en un recordado partido ante Holanda, en el que el equipo entonces dirigido por Manuel Meana venció a Holanda en el Bernabéu por un contundente 5-1. En su primer partido dejó claro que aquel no era un jugador más. 3 goles en los 90 minutos le valieron para comenzar a escribir con letras de oro su andadura por una Selección en la que entonces compartía vestuario con otros grandes nombres de nuestro fútbol.
Aquella delantera estaba formada, además de por Di Stéfano, por Kubala, Luis Suárez y Gento, una alineación memorable e irrepetible con la que la Saeta Rubia empezó a acribillar las porterías contrarias.
Como recuerda Alfredo Relaño en el diario As, "mitad artista, mitad guerrero, tenía el trabajo de los modestos, la elegancia de Zidane y la contundencia de los mejores goleadores. Más de una vez se le vio sacar un balón de la raya y llegar al remate, o marcar en un contraataque fulminante. No era tan técnico como Kubala, ni su disparo era el de Puskas, ni su velocidad la de Gento, ni su regate el de Kopa. Pero era el segundo en todas esas cosas y, por agregación, el mejor de todos".
Con España jugó 31 partidos en los que anotó 23 goles, que le convirtieron durante décadas en el máximo artillero de la Selección. Por caprichos del destino nunca pudo disputar un Mundial con España, pero su importancia en aquella generación quedó patente cuando, lesionado en uno de los últimos partidos de preparación para el Mundial de Chile 1962, acompañó al combinado nacional a la concentración en el país andino. Pese a no poder pisar el césped, su presencia en el banquillo era capaz de intimidar a los rivales.
Relaño recuerda cómo la gran frustración fue no poder jugar en Chile ´62: "Di Stéfano estaba ya muy próximo a los 36 años y era su última oportunidad de jugar el Mundial. Al de 1950 no fue Argentina, por capricho de Perón, y además él estaba fugado en Colombia. En el de 1954 ni era aún español ni España se clasificó; en 1958 nos quedamos fuera por un absurdo empate en Chamartín ante Suiza... Di Stéfano se lesionó el 13 de mayo, en amistoso en Atocha contra el Osnabrück. Un tirón en el bíceps femoral. La lista definitiva se cerró justo tras ese partido. Se le incluyó, porque, ¿cómo dejarlo fuera? Había liderado ese curso a un Real Madrid campeón de Liga y de Copa, y finalista de la Copa de Europa. Faltaría seguro al primer partido, pero con suerte podría jugar el segundo, y si no, el tercero".
Esos fueron sus últimos días con el equipo nacional. La fina técnica a la hora de conducir el balón y driblar y la fiereza que mostraba de cara a la portería contraria son el mayor y mejor legado que han dejado sus años dorados.
Pelé, incluso, confesaba que "Di Stéfano era mejor que yo y que Maradona. La gente discute si Pelé o Maradona. Di Stéfano es para mí el mejor, era mucho mas completo".
Ya retirado del mundo del fútbol, fue uno de los fundadores de la Asociación Española de Futbolistas Internacionales (ADEFI) en 1990, de la que también era presidente de honor.
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