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Fotos con historia: El gato sobre la puerta

Miguel Ángel González fue un gran guardameta de la Selección con apodo felino, y en esta instantánea evidencia la gran evolución vivida por la indumentaria de los porteros durante las últimas décadas

En la célebre escena (parte superior) retratada por Ramón Masats en el Seminario Conciliar de Madrid en 1959 queda demostrado cómo casi cualquier ropa es suficiente para marcarse una estirada antológica que evite hasta el gol más cantado por la hinchada.

Respecto a la foto que nos ocupa, no solía emplear Miguel Ángel González (Orense 1947) ni sotanas ni casullas a la hora de defender la portería. Conocido deportivamente por su nombre compuesto de reminiscencias renacentistas y apodado "el gato" por lo felino de sus intervenciones, tan espectaculares como la que encabeza esta información.

El guardameta gallego compartió muchos años vestuario con el Seleccionador Vicente del Bosque tanto en el Real Madrid como en el combinado nacional con quien debutaría el 12 de octubre de 1975 a las órdenes de Ladislao Kubala. Fue el portero de la Selección en las célebres citas del Pequeño Maracaná de Belgrado, donde España logró el pase al Mundial de Argentina en medio de un ambiente hostil y del empate ante Brasil en Mar del Plata con el célebre no gol de Cardeñosa. En ambas citas Miguel Ángel dejó la portería a cero.
 

Miguel Ángel fue el portero de España en la célebre cita de Belgrado en la que se logró el pase para el Mundial de Argentina

Sin embargo la gran competencia en la meta española, que le llevó a coincidir con dos leyendas de la talla de José Ángel Iribar y Luis Miguel Arconada, dejó su número de internacionalidades en dieciocho, muchas menos de las que hubiese firmado de no medirse ante tan grandes guardametas.

Porteros como el orensano destacaban sobre todo por una agilidad y reflejos a prueba de jerséis de punto, medias gruesas de lana, botas de alargados tacos metálicos y pantalones de estilo vaquero, cuya incomodidad preservaba las rodillas de los esforzados guardametas frente a la tierra que ocupaba sus áreas pequeñas.

Con un balón mucho más duro y pesado que el actual, no busquen en las manoplas de Miguel Ángel nada parecido a las sustancias antideslizantes con las que recubren sus guantes los cancerberos actuales que disponen de tejidos isotérmicos, finos, cómodos y transpirables.

La técnica sin embargo no ha variado sustancialmente como tampoco lo ha hecho la belleza de las estiradas. La que Masats retrató en el seminario hace más de medio siglo estuvo expuesta en el MoMa de Nueva York, la de Miguel Ángel a fe que lo merecería también.