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Fotos con Historia: La mágica noche que nos llevó al Mundial del 94

España necesitaba ganar a Dinamarca para estar en el Mundial de Estados Unidos 1994. Echando mano de la furia y el coraje, y de la actuación de dos hombres extraordinarios, Hierro y Cañizares, la Selección se hizo con el billete mundialista
Mar, 16/09/2014 - 12:09

El partido empezó como una pesadilla y acabó elevando a nuestros jugardores a la categoría de héroes.

A los diez minutos de iniciado el encuentro, la Selección que dirigía Javier Clemente se quedaba con un hombre menos por expulsión de Andoni Zubizarreta. El veterano portero, que llegó a ser 126 veces internacional, se marchaba enrabietado y entre lágrimas, como recordaría después Santiago Cañizares, que debía ocupar su puesto: “(Zubizarreta) no me dijo nada especial cuando nos saludamos en el cambio. Con la mirada que me ha lanzado ya me lo ha dicho todo, no tenía que comentarme nada más. Esa expresión de sus ojos ha sido más importante que cualquier otra cosa”.

Así pues, la responsabilidad bajo los palos quedó en manos de Cañizares, de 23 años, quien ocupaba el puesto de segundo portero tras sufrir Julen Lopetegui una lumbalgia. Todo parecía estar en contra: jugar con un hombre menos y frente a los campeones de Europa que contaban en sus filas con jugadores de la talla de Michael Laudrup.

Pero los españoles saltaron aquella noche del 17 de noviembre de 1993, en el Sánchez Pizjuán, a la categoría de héroes de leyenda.

Cañizares deteniendo las acometidas danesas con grandes paradas, fue imbatible, un coloso bajo los tres palos: “Cuando vi la roja (a Zubizarreta) no pensé nada. Salté como un resorte y me dije a mí mismo que me tocaba salir… Estaba acongojado, como el resto de mis compañeros. Lo que ocurre es que el portero debe aparentar que está tranquilo. Yo tenía que transmitir a mis compañeros que podían confiar en mí. Tuve unos momentos de lucidez mental”.

El portero del Celta amargó la noche a los rivales (cómo olvidar el paradón a remate de chilena de Christiansen) y se consagró como uno de los grandes guardametas de la historia de España.

Y luego vino el gol, obra de Fernando Hierro quien elevándose hasta el cielo remató de cabeza y anotó el gol de la victoria. "Un cabezazo de Hierro lleva a España al Mundial", titulaba la prensa al día siguiente sobre un jugador no cabía en sí de felicidad: "Cuando marqué me pasó todo por la cabeza, pero lo importante es que valió el triunfo y la clasificación. Esto es fenomenal, maravilloso".

El juego de aquella noche pudo ser más o menos vistoso, pero lo que nadie negó es que la entrega fue máxima, el sufrimiento indecible y la alegría inmensa.