El frío otoño de la Meseta se abría paso por los recovecos del estadio de la pulmonía que aquella noche parecía menos gélido que de costumbre debido al espectacular ambiente en las gradas, con 40.000 espectadores abarrotando el estadio Nuevo Zorrilla.
España debía remontar en el partido de vuelta de la final, el 2-1 que Italia había conseguido dos semanas antes en Roma con un equipazo en el que vestían de azzurro futbolistas llamados a la leyenda con apellidos de la talla de Zenga, Donadoni, Mancini, Baroni o Vialli.
El antepenúltimo día de octubre de 1986, la Selección Sub-21 salió decidida a conquistar su primer Europeo de la categoría y un gol del asturiano Eloy Olaya a nueve para el descanso llevaba la ilusión a una tribuna a la que el consiguiente empate de Francini sumía en la zozobra. Hicieron falta muchos minutos, pero entrando en el último cuarto del partido, el castellonense Roberto Fernández lograba nivelar la eliminatoria.
Calderé, Andrinúa, Paco Llorente, Pardeza, Bustingorri o Beguiristáin fomaban parte de tan exitosa quinta de jugadores
Y finalmente, el delirio en unos penaltis que resolvieron lo que no pudo hacer la prórroga. Los tantos desde los once metros del propio Roberto, Eusebio y Ramón Vázquez y las paradas del guardameta Juan Carlos Ablanedo dejaban el trofeo en España.
Fue el triunfo de la generación que lograba el primer Europeo Sub-21 para España con Luis Suárez en el banquillo y un jovencísimo Manolo Sanchís, elegido como el jugador de oro del torneo junto a los Calderé, Andrinúa, Paco Llorente, Pardeza o Beguiristáin. Por el camino dejaron en la cuneta a Escocia, Islandia, la Francia de Papin y Hungría para concluir su exitoso periplo en la fiesta de Valladolid frente a los transalpinos.