Ateridos con casteñeo de dientes y tiritando bajo las mantas moteadas de leopardo, así posaba el banquillo español durante un encuentro celebrado el primero de marzo de 2006 en pleno invierno mesetario ante Costa de Marfil en el Nuevo Zorrilla vallisoletano, un estadio exageradamente bautizado como de la pulmonía.
Pero cuando llegan fechas invernales a la Selección no le tiene por qué ir nada mal. Aquella tarde por ejemplo el equipo de Luis Aragonés doblegó a los no menos frioleros africanos por tres tantos a dos con goles de David Villa, José Antonio Reyes y Juan Gutiérrez, Juanito.
No era más que un amistoso y de sobra es sabido que mundiales y eurocopas reservan su celebración para el final de la primavera y el comienzo del verano, sin embargo llegar a estas grandes competiciones ha necesitado de grandes gestas de invierno como la del 12-1 a Malta un 21 de diciembre de 1983, el día que comienza la blanca estación.
Además el hecho de que algunos campeonatos del Mundo se hayan disputado en países del hemisferio sur ha hecho que el frío fuese protagonista en momentos trascendentales de la Selección. A veces para mal como la larga y gélida concentración en la finca La Martona argentina donde España preparó en Mundial de 1978 soportando los rigores del invierno austral y luego no pudiendo superar la fase de grupos en la competición.
Por otro e inolvidable lado está la cita de Sudáfrica cuando los días invernales en Durban, Pretoria, Ciudad del Cabo o Johannesburgo encumbraron para siempre a España un 11 de julio de 2010 gracias una volea de Andrés Iniesta en el Soccer City con le termómetro rondando los cero grados por aquellas latitudes. Hasta allá llegó el calor de la afición española que en pleno estío peninsular pudo celebrar la hazaña en un día en el que cuando winter is coming, la Selección salía triunfante de su particular juego mundial por el trono.