Actualidad

José Antonio Camacho, la imagen de la furia española, cumple 59 años

La vida deportiva de José Antonio Camacho está muy íntimamente vinculada con la Selección española, primero como jugador durante más de una década y luego como Seleccionador nacional entre 1998 y 2002

Camacho, nacido en Cieza -Murcia- en 1955, fue 81 veces internacional con la Absoluta entre 1975 y 1988 disputando dos mundiales y dos eurocopas: los Campeonatos del Mundo  de España'82 y México'86 y las Euros de Francia 1984, donde acabó subcampeón y de Alemania 1988.

Como Seleccionador entre 1998 y 2002 dirigió al equipo nacional en la Eurocopa de 2000 y en el Mundial de Corea y Japón de 2002 donde llegó hasta cuartos con la Selección.

El nombre de Camacho está vinculado con grandes momentos históricos como el 12-1 a Malta o la consecución del Subcampeonato en la Eurocopa de Francia 1984.

Pero mucho más significativo fue su forma de encarnar el espíritu de la Selección, la famosa "furia española", que fue toda una filosofía de juego de nuestro equipo. Ese estilo tenía referentes y algunas imágenes que lo resumen y definen como la de José Antonio Camacho vendado en el Mundial de México. Esa imagen tiene por detrás una gran historia que nos sitúa en el Mundial de México de 1986. Fue un 7 de junio, en Guadalajara.

Ese día la Selección española, dirigida por Miguel Muñoz, se enfrentaba a Irlanda del Norte, en el segundo encuentro mundialista tras el debut ante Brasil.

España se impuso por dos goles a uno con tantos de Butragueño y Julio Salinas en los minutos 2 y 20. El tanto norirlandés fue obra de Colin Clarke, ya en la segunda mitad.

Precisamente, este jugador y José Antonio Camacho fueron los protagonistas de la jugada polémica del partido.

Camacho sufrió un fuerte corte en la frente cuando el norirlandés Clarke le clavó los tacos en la cabeza. El de Cieza no pidió el cambio y tuvo que ser vendado, imagen que quedó inmortalizada en una foto.

El entonces jugador, y luego Seleccionador, recordaba así en el diario As cómo fue aquella jugada: "Poco antes del descanso fui a por un balón que controlaba un irlandés junto a la línea de banda. Se lo quité y él me clavó los tacos en la cabeza; yo ya estaba en el suelo... Sangré al instante, claro. Pero como entonces no te obligaban a abandonar el partido si eso sucedía (fue años más tarde, cuando apareció el temible SIDA) acabé el primer tiempo y el doctor Jorge Guillén me cosió en el descanso. El problema fue que al estar la brecha en la frente, con apenas carne para meter la aguja, se le rompió dos veces."

Camacho, pese a la herida, derrochó ganas y esfuerzo sin esconderse en ningún momento en los 45 minutos que aún restaban por disputarse. De hecho, jugó el partido entero: "todos (los balones) me caían a mí... No había manera de que se cerrara la herida cabezazo va, cabezazo viene".

El jugador recordaba en el periódico madrileño que se vio obligado a cambiar en dos ocasiones la venda que le cubría la herida y los puntos: "Entre los balonazos y el sudor no había manera de conseguir que se detuviera la pequeña hemorragia. Había que aguantar. Habíamos perdido injustamente con Brasil el primer partido, pues no nos dieron aquel gol legal de Míchel, y el envite con Irlanda, el segundo, había que ganarlo".

Así quedó fijada para siempre una imagen que era todo un resumen de una forma de entender el fútbol, la de la furia española, encarnada en un jugador todo entrega y corazón como Camacho.