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Luigi González (voluntario en 2010): "Fue como un cuento de hadas"

Este joven zamorano trabajó codo con codo con los internacionales españoles durante la concentración mundialista de Potchefstroom

Llegó casi como un aventurero, sin ninguna certeza, a Sudáfrica en la primavera de 2010 para trabajar como voluntario y lo que sucedería durante aquellas semanas fue: "una historia de cuento de hadas. Tampoco marcó un antes y un después en mi vida, sino que simplemente se ha quedado en los recuerdos y cualquiera alucina cuando se lo cuento o les enseño las fotos. No entienden cómo llegué allí. Todos los días me acuerdo de aquello".

Han pasado ya tres años y medio desde aquel inolvidable Campeonato del Mundo y durante este tiempo, Luigi González Irureta-Goyena no ha parado de formarse, pues "he terminado la carrera, estuve un año en Madrid, otro en Barcelona trabajando en diferentes sitios: una tienda de deportes, en un hostal de mochileros y vinculado al deporte siempre y a las idiomas. Pasado mañana precisamente me voy a vivir seis meses a Rusia en un proyecto educativo vinculado a la Unión Europea, al sur de Moscú".

La aventura africana seguro que le ayuda a este zamorano de 24 años para fajarse en sus nuevos destinos. En conversación telefónica con SEFUTBOL recuerda que "el proceso fue muy largo. En agosto mandé la solicitud por la página web de la FIFA. Quedaron en avisarme y a finales de febrero hice una entrevista en la embajada de Sudáfrica en Madrid con preguntas específicas sobre estadios, nivel de inglés y demás. Me dieron más detalles por correo y cuando me fueron dando información, compré los billetes y terminé en Potch. Fui al final por mi cuenta, sin llegar a conocer a ningún español, aunque me dijeron que había otros tres o cuatro colaborando en Johannesburgo".

Luigi sin embargo fue a parar al lugar de concentración de los futuros campeones: "Fue un situación excepcional para todos. Sólo yo era español entre los voluntarios. El primer día me planté en el campo de entrenamiento y le dije al Seleccionador que allí estaba para lo que necesitasen y al día siguiente Javier Miñano y los demás se interesaron por mí hasta que me fui convirtiendo en parte del equipo".

Un libro por escribir

A partir de ese momento, jugadores y cuerpo técnico fueron tomando confianza con el joven voluntario a quienes recuerda, "como personas muy normales que me trataron de maravilla, pese a que me parece que es muy difícil ser un jugador de la Selección. Es un estilo de vida complicado, con muchas cámaras a su alrededor, pero casi todas las anécdotas que puedo contar son buenas. Me cuesta quedarme con alguno en concreto, aunque lo vivido da para un libro. No sé si debería escribir alguno..."  

Esa obra tal vez relatase en primera persona la gran final del Soccer City que Luigi pudo vivir desde la grada, una cita histórica "que fue agónica hasta el pitido final. Celebré más la parada de Casillas a Robben que el gol porque justo me pilló en el mismo fondo. El tanto de Iniesta fue una jugada rara, que se produjo lejos de donde estaba. No lo recuerdo como lo más épico de la historia pero luego se te ponen los pelos de punta cuando lo ves por la tele".

Antes, pudo regresar con la expedición desde Johannesburgo  y aterrizar con jugadores, directivos, familiares y prensa en Barajas "en lo que fue un vuelo muy alegre, con todo el mundo queriendo tocar la copa. Recuerdo el gran arco formado por los camiones de bomberos en la pista de aterrizaje. Fue espectacular".

Formar parte de la historia

Desde la conquista del título Luigi ha mantenido el contacto con alguno de sus compañeros en Potch, además de aprovechar mientras vivía en Madrid para "volver a la Ciudad del Fútbol en una oportunidad y acercarme a ver a los jugadores en un entrenamiento. Varios de ellos me se acordaban de mí y estuvieron muy cariñosos. Además con uno de los voluntarios mantuve bastante relación, contactamos por redes sociales y me escribieron cuando España estuvo jugando allí hace unos meses".

"La reacción de mi familia aquellos días, prosigue, fue la misma que la de mi entorno: de incredulidad. Me habían visto por la tele, una amiga de mi hermana le mandó una carta de amor a Sergio Ramos, otros te piden que le digas tal o cual cosa a Xavi o Casillas, pero cuando estás dentro normalizas las cosas, estás aislado y no te das cuenta de la repercusión que tiene en la gente. Mi tío Álvaro me dijo que ojalá lo hubiese hecho él y siempre me anima a que viaje y conozca cosas". 

Cuando se le plantea la cuestión de recomendar o no su propia vivencia como voluntario en un Campeonato del Mundo, Luigi no lo duda: "Es indudable que recomiendo la experiencia, pero cuando sabes cómo se termina la cosa. Incluso si nos hubiesen eliminado, me habrían mandado a Johannesburgo y hubiese hecho otras cosas. Si no supone un gasto enorme es una gran inversión en formación y aprender cómo se mueven estos ambientes, aunque cada Mundial es distinto. Lo importante es formar parte de la historia, por eso no es algo que se haga por dinero y no creo que haya que centrar el tema en eso. Fui allí, me dieron una pequeña ayuda y yo me busqué la vida hasta encontrar un sitio a diez minutos andando del lugar de entrenamiento de la Selección. Fue una verdadera aventura porque había muy pocas certezas y al final se fueron resolviendo. A veces pienso que fue algo como irreal", concluye.