Nacimiento, auge y final del término Furia española
La Selección española ha pasado en su casi 100 años de historia de encarnar un estilo de juego basado en la garra y el pundonor (la llamada "Furia") a ser la imagen de un juego preciosista que enamoró al mundo entero
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Vie, 31/07/2015 - 09:22
En realidad, existe un vínculo entre la idea que en cada momento se ha tenido de la identidad nacional y los valores que encarna la Selección española.
Cuando nació el equipo nacional para jugar los Juegos Olímpicos de Amberes del año 20 lo hizo unida al concepto de “Furia”. Así es como la prensa de la época calificó al equipo español y una frase reflejaba esta caracterización. La pronunciada por Belauste en el partido ante Suecia cuando dijo: -"¡Sabino, a mí el pelotón, que los arrollo!". Del pase de Sabino nació el gol de Belauste que no solo metió el baló en la portería contraria sino que él mismo acabó dentro junto con tres jugadores suecos.
Esa imagen de la España del pundonor y la “furia” fue creada, según el periodista Manolo Castro, por otro periodista, en este caso un holandés: "Los holandeses, mis excelentes amigos y competentes críticos, eran de igual opinión. H. Hollander, redactor de De Telegraaf, de Amsterdam, me hablaba de la suerte del team belga y encomiaba la técnica española, y, sobre todo, la admirable y práctica furia de los españoles. ¡Oh, la furia de los españoles! Era el fantasma del football olímpico".
Los periodistas que cubrían aquellos Juegos viendo jugar a la Selección española no tuvieron duda a la hora de elegir ese sobrenombre: Así nació los términos de la "Furia Española", rememorando el saqueo de Amberes por las tropas de Felipe II en 1576...
Curiosamente, en aquellos años 20, la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-30) también enarbolaba ese tipo de valores. Prueba de ello es una parte del manifiesto emitido por el propio dictador cuando llegó al poder: “Este movimiento es de hombres: el que no sienta la masculinidad completamente caracterizada, que espere en un rincón, sin perturbar los días buenos que para la patria preparamos”.
La imagen de la Furia española y de un fútbol practicado por España más basado en la entrega que en un estilo depurado perduró durante la II República (en partidos como el de la “batalla de Florencia” contra los italianos en el Mundial de 1934) y a lo largo del franquismo.
En su tesis doctoral Ricardo Corbo señala que “el Mundial de Brasil 50, donde la selección española consiguió un histórico cuarto puesto, fue utilizado por el aparato propagandístico franquista como un ejemplo del resurgir de la nueva España representada por el equipo nacional que se convirtió, como apunta Alcaide (2009: 31), “en un gran socio de Franco para exaltar la furia española y explotar el concepto de madre patria”. El espectáculo futbolístico y la construcción de la realidad social. En aquel campeonato, la victoria ante Inglaterra gracias al gol de Zarra fue, además, “como devolverle la moneda a la Armada Invencible”.
En esa misma línea Alejandro Quiroga Fernández de Soto, autor del libro, “Goles y banderas. Fútbol e identidades nacionales en España” señala en una entrevista que ese concepto de “furia” “se va repitiendo bastante, y si un mito funciona al cabo de tantos años, es porque para los periodistas y la clase política, el mensaje funciona. Ya con Primo de Rivera encaja muy bien esa visión de la competición de un modo orgulloso con la narrativa del español “quijotesco”, que no se rinda. Con el franquismo pasa parecido, con la excusa constante de que “el extranjero me tiene manía por envidia”. A partir de la transición empieza a chirriar porque se busca un país moderno, normal, europeo. Así que el término se asocia a la idea de superar el fracaso….A partir de 2008 desaparece el término, porque el discurso cambia cuando empezamos a ganar por méritos propios”.
El término hizo fortuna y la victoria ante la URSS en 1964 en la final de la Copa de Europa de Naciones fue vista como el triunfo de la “furia española” por la prensa italiana.
Incluso, ya en la Democracia, el concepto de “Furia” siguió muy vigente y prueba de ello fue el archirecordado 12-1 a Malta. El diario ABC titulaba así aquel día:

Sin embargo, desde mediados de la pasada década, los valores que empieza a transmitir la Selección española ya son diferentes y van muy en consonancia con un país que ha cambiado y se ha modernizado.
La entrega y la garra son importantes pero aunados con la búsqueda de la belleza estética del juego y un planteamiento táctico en el que predomina lo cerebral. Los títulos de 2008, 2010 y 2012 vienen a confirmar lo acertado de tal planteamiento.
Nadie como el actual Rey Felipe VI resumió lo que la Selección ahora encarna. Fue durante la entrega de los Premio Príncipe de Asturias de 2010 cuando dijo: "Hasta lograr la victoria final, nuestro equipo puso de manifiesto esos valores por los que tan justamente ha sido alabado en todo el mundo: voluntad y tesón, máxima deportividad, humildad, y un juego en el que los rasgos colectivos del fútbol se engrandecían con la ilusión, el talento y la belleza".
Fue la forma de enterrar un termino añejo y entrañable, como el de Furia, mucho más acorde con una España que ya había dejado de existir sustituida por un país moderno e inmerso en el siglo XXI.
Cuando nació el equipo nacional para jugar los Juegos Olímpicos de Amberes del año 20 lo hizo unida al concepto de “Furia”. Así es como la prensa de la época calificó al equipo español y una frase reflejaba esta caracterización. La pronunciada por Belauste en el partido ante Suecia cuando dijo: -"¡Sabino, a mí el pelotón, que los arrollo!". Del pase de Sabino nació el gol de Belauste que no solo metió el baló en la portería contraria sino que él mismo acabó dentro junto con tres jugadores suecos.
Esa imagen de la España del pundonor y la “furia” fue creada, según el periodista Manolo Castro, por otro periodista, en este caso un holandés: "Los holandeses, mis excelentes amigos y competentes críticos, eran de igual opinión. H. Hollander, redactor de De Telegraaf, de Amsterdam, me hablaba de la suerte del team belga y encomiaba la técnica española, y, sobre todo, la admirable y práctica furia de los españoles. ¡Oh, la furia de los españoles! Era el fantasma del football olímpico".
Los periodistas que cubrían aquellos Juegos viendo jugar a la Selección española no tuvieron duda a la hora de elegir ese sobrenombre: Así nació los términos de la "Furia Española", rememorando el saqueo de Amberes por las tropas de Felipe II en 1576...
Curiosamente, en aquellos años 20, la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-30) también enarbolaba ese tipo de valores. Prueba de ello es una parte del manifiesto emitido por el propio dictador cuando llegó al poder: “Este movimiento es de hombres: el que no sienta la masculinidad completamente caracterizada, que espere en un rincón, sin perturbar los días buenos que para la patria preparamos”.
La imagen de la Furia española y de un fútbol practicado por España más basado en la entrega que en un estilo depurado perduró durante la II República (en partidos como el de la “batalla de Florencia” contra los italianos en el Mundial de 1934) y a lo largo del franquismo.
En su tesis doctoral Ricardo Corbo señala que “el Mundial de Brasil 50, donde la selección española consiguió un histórico cuarto puesto, fue utilizado por el aparato propagandístico franquista como un ejemplo del resurgir de la nueva España representada por el equipo nacional que se convirtió, como apunta Alcaide (2009: 31), “en un gran socio de Franco para exaltar la furia española y explotar el concepto de madre patria”. El espectáculo futbolístico y la construcción de la realidad social. En aquel campeonato, la victoria ante Inglaterra gracias al gol de Zarra fue, además, “como devolverle la moneda a la Armada Invencible”.
En esa misma línea Alejandro Quiroga Fernández de Soto, autor del libro, “Goles y banderas. Fútbol e identidades nacionales en España” señala en una entrevista que ese concepto de “furia” “se va repitiendo bastante, y si un mito funciona al cabo de tantos años, es porque para los periodistas y la clase política, el mensaje funciona. Ya con Primo de Rivera encaja muy bien esa visión de la competición de un modo orgulloso con la narrativa del español “quijotesco”, que no se rinda. Con el franquismo pasa parecido, con la excusa constante de que “el extranjero me tiene manía por envidia”. A partir de la transición empieza a chirriar porque se busca un país moderno, normal, europeo. Así que el término se asocia a la idea de superar el fracaso….A partir de 2008 desaparece el término, porque el discurso cambia cuando empezamos a ganar por méritos propios”.
El término hizo fortuna y la victoria ante la URSS en 1964 en la final de la Copa de Europa de Naciones fue vista como el triunfo de la “furia española” por la prensa italiana.
Incluso, ya en la Democracia, el concepto de “Furia” siguió muy vigente y prueba de ello fue el archirecordado 12-1 a Malta. El diario ABC titulaba así aquel día:

Sin embargo, desde mediados de la pasada década, los valores que empieza a transmitir la Selección española ya son diferentes y van muy en consonancia con un país que ha cambiado y se ha modernizado.
La entrega y la garra son importantes pero aunados con la búsqueda de la belleza estética del juego y un planteamiento táctico en el que predomina lo cerebral. Los títulos de 2008, 2010 y 2012 vienen a confirmar lo acertado de tal planteamiento.
Nadie como el actual Rey Felipe VI resumió lo que la Selección ahora encarna. Fue durante la entrega de los Premio Príncipe de Asturias de 2010 cuando dijo: "Hasta lograr la victoria final, nuestro equipo puso de manifiesto esos valores por los que tan justamente ha sido alabado en todo el mundo: voluntad y tesón, máxima deportividad, humildad, y un juego en el que los rasgos colectivos del fútbol se engrandecían con la ilusión, el talento y la belleza".
Fue la forma de enterrar un termino añejo y entrañable, como el de Furia, mucho más acorde con una España que ya había dejado de existir sustituida por un país moderno e inmerso en el siglo XXI.