Vía Murcia, llegó a Madrid desde su Cáceres natal sin hacer el ruido de otros fichajes de renombre, en aquella época, y tras formarse en el fútbol modesto de nuestro país. No tardó en reivindicarse a base de resultados. En su trayectoria como futbolista marcó casi cien goles, consiguió el trofeo Pichichi en 1992 tras marcar casi treinta goles y conquistó dos Copas de SM el Rey y un Campeonato Nacional de Liga, en una de las épocas gloriosas del conjunto rojiblanco.
Más allá de los números, formó con una Selección Española que mereció en 1990 romper barreras históricas en el Campeonato del Mundo de Italia, y se enfundó la camiseta de internacional en veintiocho ocasiones.
Hoy invierte su tiempo en la formación de jóvenes futbolistas, formación como deportistas y como personas: “Estoy dentro de la Fundación del Atlético de Madrid, llevando las escuelas de formación y de tecnificación, la escuela de valores,… Es algo relacionado con la enseñanza, y tenemos proyección tanto nacional como internacional. Es una tarea muy bonita, la verdad, la labor que se está haciendo”.
Y guarda con recuerdo su paso por la Selección Nacional: “La camiseta de España es lo máximo a lo que uno puede aspirar. Pasado el tiempo, con todos los compañeros de mi época tengo una sintonía especial y siempre que nos encontramos pasamos momentos felices”.