Eran otros tiempos. En la radio sonaban los Beatles y el Dúo Dinámico. Las mujeres llevaban las primeras minifaldas y los hombres jóvenes pelo largo.
En el país gobernaba de forma perenne un militar, no un general cualquiera, sino un Generalísimo, Francisco Franco.
Y en esa España del milagro económico, del desarrollismo y del turismo con las famosas "suecas", se creó otra Selección española, "militar, por su puesto".
Ese empeño tenía un nombre propio: el teniente coronel de Aviación, Luis Alfonso Villalaín, quien junto al general Matías Sagardoy, dio impulso a la Selección militar que jugó partidos y campeonato del mundo entre 1965 y 1968.
Como explicara Alfredo Relaño en el diario El País: "Hubo tiempos en los que había mili y hasta futbolistas que la hacían. Con prebendas generalmente, es verdad. Unos pocos días de instrucción, la jura de la bandera y luego pasarse de cuando en cuando por el cuartel a dar conversación a los oficiales. Alguna guardia, por el qué dirán. Tampoco había que pasarse de estupendo porque en ese caso te arriesgabas a visitar el calabozo, como le pasó una vez a Migueli. O a ser reclamado como prófugo, trance por el que pasaron Asensi o Solsona. Pero, unos con otros, podríamos decir que, a mediados de los años 60 del siglo pasado, los futbolistas tenían un buen pasar en la mili. A cambio, sí, debían batirse el cobre en algo que entonces existía y hoy ya no: el Mundial Militar".
En aquel equipo llegaron a jugar futbolistas como Aranguren, Glaría IV, Guedes, Rogelio, Armando Ufarte, Tonono, Germán Dévora, Grosso, Fusté, Vavá, Claramunt, Velázquez, Reina, Pirri, Rexach o Rojo.
Dirigidos por Villalaín, tuvieron un éxito absoluto y muy rápido: consiguieron que el equipo se proclamara campeón del Mundo el 7 del julio de 1965, en Gijón.
España se deshizo de Francia y del Portugal de Graça y Eusebio para llegar a una liguilla entre cuatro, donde se impusieron a Bélgica por 5 a 1, empataron a 1 con Turquía y vencieron en la final a Marruecos por 3 a 0.
En la siguiente edición, la de 1966, España eliminó a Estados Unidos y Portugal, pero en semifinales el equipo se encontró con Marruecos. El árbitro, el portugués Campos, decidió dar por finalizado el juego debido a que el encuentro terminó con dos expulsados por cada bando. España, ante lo que había ocurrido, decidió no acudir a la vuelta en Marruecos.
Para la edición de 1967-68, España comenzó eliminando a Francia y Marruecos y disputó la fase final, en Bagdad, contra seis selecciones. Tras un accidentado viaje a la capital iraquí, pues el viejo DC-6 fue obligado a aterrizar en el Líbano y los jugadores estuvieron esperando en la pista de aterrizaje a 40 grados, el equipo perdió ante Grecia y Holanda, y solo pudo ganar a Corea del Sur, acabando finalmente quintos de los seis.
Esa fue la historia breve, y a ratos gloriosa, de la Selección militar, un precedente de lo que vendría cuatro décadas después.