Uno fue teniente de la Legión en el bando vencedor durante la Guerra Civil, el otro vivía exiliado en Francia durante la contienda por sus inclinacionaes republicanas, sin embargo al andaluz Guillermo Eizaguirre y al vasco Benito Díaz les unieron el amor al deporte, al fútbol y a la Selección española para firmar juntos el mejor papel de nuestro país en un Mundial de todo el siglo pasado.
Corría el año 1948 y el por entonces presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Armando Muñoz Calero, escogió para entrenar al combinado nacional al que fuera legendario guardameta sevillista de los años treinta. Guillermo Eizaguirre apodado "el ángel volador" fue probablemente el único portero que puso en cuestión la hegemonía de Ricardo Zamora en el balompié de antes de la Guerra.
Su primer objetivo como Seleccionador fue para el andaluz poner al día un deporte que en España se había quedado obsoleto a nivel táctico tras años de aislamiento y falta de partidos por motivo de la fuga de jugadores durante el conflicto armado y el boicot internacional al que estaba sometido el régimen del general Franco.
Lejos de buscar en casa, Eizaguirre se decantó por Benito Díaz, estudioso de los sistemas de preparación que triunfaban en el resto del Continente, sobre todo de la conocida como WM, una disposición táctica creada por el inglés Herbert Chapman en el Arsenal de los años veinte y que defendía que los futbolistas se colocasen en el campo formando el dibujo aproximado de estas dos letras. El entrenador guipuzcoano introdujo en España esta innovación merced a que vivía exiliado en Francia donde trabajó como técnico del Girondins de Burdeos.
"El Tío Benito" tal y como era conocido tomó las riendas de la Selección ya que Eizaguirre le dejó las manos libres para trabajar con sus métodos. Juntos alcanzaron hazañas tales como la legendaria goleada a los galos por uno a cinco en el estadio parisino de Colombes en junio del 49 (con los internacionales sacando a hombros al nuevo entrenador a la conclusión del choque), la clasificación española ante Portugal para la fase final del Campeonato del Mundo y, sobre todo, el triunfo frente a Inglaterra y el cuarto puesto en Brasil durante el verano de 1950.
El veterano teniente de la Legión y el viejo exiliado de simpatías republicanas pusieron fin a tan fructífera colaboración nada más concluir un Mundial, que necesitó de sesenta años (hasta que nos alzamos con en triunfo en Sudáfrica) para que España mejorase su actuación en el mismo. Ironías del destino, fue Ricardo Zamora quien se hizo con las riendas tras lo vivido en los campos brasileños. Guillermo Eizaguirre volvería un lustro después a convertirse en Seleccionador durante una segunda etapa al frente no tan exitosa como la vivida al lado de un compañero que demuestra cómo el fútbol es capaz de sortear las circunstancias políticas y biográficas para unir a las personas en torno al deporte.