¿Y si a Miguel de Cervantes le hubiera gustado el fútbol?
Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, de nuestros labios salen multitud de palabras. Muchas de ellas están relacionadas con el deporte que más amamos: el fútbol.
El lenguaje futbolístico se ha ido españolizando desde que se fue implantando y extendiendo a comienzos del siglo XX.
Así, la españolizada palabra fútbol ha sustituido al "football" de inicios del siglo XX y ha dejado atrás al "balompié" (que aún perdura por ejemplo en el Real Betis Balompié). Árbitro ocupa el lugar de "referí", entrenador el de "mister" y fuera de juego el de "offside".
Subsisten, sin embargo, otras como córner o penalti, estas últimas ya españolizadas también.
Lo que ha ocurrido desde que el fútbol se convirtió en el deporte rey por antonomasia en España es que ese lenguaje estrictamente deportivo ha ido permeando el habla común.
¿Por qué razón? Porque como señala el escritor Armin Burkhardt, autor del 'Diccionario del lenguaje futbolístico', "el lenguaje deportivo es en general muy metafórico. En el fútbol abundan las figuras retóricas, porque se trata de un deporte muy popular. Sobre fútbol se habla constantemente. Y también los partidos pueden discurrir de formas muy diferentes. Para todo ello se necesitan muchas diversas palabras".
Y así es realmente. Mediten ustedes cómo en su habla diaria abundan estos términos, o algunos semejantes:
Quién no ha dicho alguna vez aquello de "me has pillado en fuera de juego", una variante del "estar en orsay" de nuestros abuelos.
O quién al cometer un error no ha comentado aquello de que "me he metido un gol en propia meta", temiendo, por ejemplo, que su jefe le saque "tarjeta amarilla" o lo que es peor una seria advertencia en forma de "tarjeta roja".
Y quién, cuando se siente acosado, no suelta aquello de "¡vaya marcaje que me estás haciendo!".
A quién aspira a tener mucho protagonismo se le califica de "chupón" y a quién es muy hábil para zafarse de las adversidades se le dice que tiene "muy buen regate".
Incluso, en ocasiones, una mujer puede quedarse en estado de buena esperanza... pero "de penalti".
Quien se encuentra esperando una oportunidad, está "calentando el banquillo" ya que es "el suplente del suplente" que aspira a integrar "un equipo de lujo".
¿Y a quién al cumplir los cuarenta años no le han dicho aquello de "ahora empieza la segunda parte" de tu vida?
Una vida que cuando se supera una grave enfermedad te da otra oportunidad, una "prórroga". Porque a la muerte nunca se le puede ganar ni siquiera "de penalti injusto y en el último minuto".
Además, algunas frases de jugadores y entrenadores ya ha entrado en el acerbo del habla popular: “fútbol es fútbol” del recordado Vujadin Boskov, “no hay enemigo pequeño” o “hay que sudar la camiseta”, expresiones que se repiten hasta la saciedad.
Incluso en el lenguaje político se habla, cuando hay cambio de gabinete, de que la prensa está haciendo sus "quinielas" sobre de los posibles futuros ministros.
En resumen, en el fútbol, como ha demostrado la Selección española desde 2008, los triunfos vienen cuando se privilegia al conjunto sobre las individualidades. Eso ha tenido una expresión clara que, en el lenguaje del día a día, se traduce en "trabajar como un equipo" o "ser una piña".
Una Selección española que en sus primeros tiempos dejó para la historia una forma de entender el fútbol y casi la vida: "la Furia". Una furia que aludía a los famosos tercios de Flandes del siglo XVI pero que nuestros modernos gladiadores del balón le dieron otro significado con aquella frase mítica de "¡A mí el pelotón, Sabino, que los arrollo!".
Así pues, el lenguaje que utilizamos es un reflejo de la vida y el fútbol es un integrante muy especial e importante de nuestra existencia. Por eso, invade y embellece nuestra lengua, la lengua de Cervantes.
Pdta: Al finalizar este artículo, preguntamos a un compañero si se acordaba de alguna expresión futbolística más y, de forma casi natural, dijo: "A bote pronto, no". Todo un síntoma de cómo nuestro lenguaje es cada vez más futbolero.