Gael José Seijo, entre el balón y el silbato
Gael José Seijo, imponente chaval de 14 años, vive el fútbol desde dos vertientes muy distintas. Le apasiona la pelota, pegado a ella, dice, desde que tiene uso de razón, tan bien lo hace que está en la Selección española sub-15 trabajando estos días en Las Rozas. Pero, además, encontró en el arbitraje otra manera muy bonita de disfrutar de este deporte, encantado con los valores de los que se ha empapado usando el silbato. Ahora ha tenido que dejar el uniforme para dedicarse en exclusividad a su formación como futbolista, aunque no deja de analizar y de proteger la labor del juez. Él ve un partido y se fija absolutamente en todo.
“Empecé a jugar al fútbol con tres años, en las escuelas del Lugo. Desde ahí seguí escalando hasta que, a los seis años, entré en el prebenjamín”, cuenta Gael con un desparpajo que asombra, muy locuaz y educado en todas sus respuestas. “Estuve en el Lugo hasta la temporada 2024-25 y ahí me fichó el Deportivo. Estuve en el Dépor dos años de infantil y ahora estoy en el Barça”. Ahí llegó en verano y ahí tuvo que apartar el arbitraje momentáneamente.
Tiene una colección de fotos interminable y en todas sale o con un balón o con un silbato. “Según lo que me cuenta mi madre y me cuenta todo el mundo, desde que nací, desde que tengo conciencia, estoy con un balón pegado al pie. Mi madre nunca fue de comprarme juguetes, yo con una pelota era feliz. Mi madre, viendo todo eso, me apuntó lo antes posible a fútbol”.
"Desde que tengo conciencia, estoy con un balón pegado al pie"
Y destacó de buenas a primera, ágil, habilidoso y con unas condiciones envidiables. “Soy polivalente. Puedo jugar de central o de 6, me gusta ir para adelante, no me gusta jugar para atrás. Soy un jugador al que le gusta atreverse, con mucha personalidad. Tengo planta, tengo físico y en los duelos soy muy ganador. Tengo ganas de hacer cosas”. Normal que las tenga viendo cómo va todo, encantado en La Masia y feliz en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas a las órdenes de Hernán Pérez, seleccionador nacional de la categoría.
Estos días se entrena en los campos de sus ídolos y visita por primera vez la sala VOR, en donde ejercen sus otros ídolos. “El tema del arbitraje nace por mi madre”, cuenta con marcado acento gallego. “Un sábado venía el Madrid, pues le decía a mi madre que me llevara a ver ese partido, a otro… Mi madre dijo que, si me tenía que llevar a tantos partidos, que me metiera en el cursillo de árbitros: “además de llevarte, pues te llevas un dinero”, me dijo. Al principio no me gustaba mucho, pero una vez hice el curso y empecé a arbitrar ya me encantó y todos los fines de semana arbitraba dos o tres partidos, lo que me tocara”.
"El arbitraje nace por mi madre. Una vez empecé a arbitrar, me encantó"
El arbitraje le ha completado como futbolista, dice que le ayuda muchísimo. “Me aporta conocer el reglamento, que es muy importante, y, sobre todo, saber cómo tratar a un árbitro, cómo dialogar con él, no volverse loco, cuándo se puede hablar, cómo… Y entenderlo. Hay que entender de sus errores e intentar ayudar al máximo”.
Antes de los partidos, Gael suele pedir la palabra para mandar un mensaje a sus compañeros para que entiendan que el árbitro está ahí para hacerlo lo mejor posible. “Hay alguno que otro que se pasa un poco y hay que saber controlarse. Me aporta el poder decirles a los compañeros “oye, a este árbitro no le protestes”, “de esta forma no…”. A veces tengo que dar alguna charla, montar algún corrillo, y pedirles que respeten al árbitro, que lo intenten entender. Así será mucho mejor. Va a disfrutar él, vamos a disfrutar nosotros y el juego va a ser mucho más fluido y más limpio”.
Porque, insiste Gael, todo nace desde el diálogo. “Era un árbitro que me gustaba hablar. Cualquier decisión que tomaba, la explicaba. Intentaba dialogar con todo el mundo y saber llevar el partido. Creo que es lo más importante. No tanto acertar en las decisiones, que también es muy importante, me preocupaba saber cómo llevar el partido y cómo tenía que pitar”.
"A veces doy charlas a mis compañeros para pedirles que respeten al árbitro"
Por eso, las tarjetas rojas se las guarda para todo aquel que ensucia el fútbol con actitudes inapropiadas. “Siento frustración. Están haciendo su trabajo, como el futbolista, y mucha gente va al campo no a disfrutar, va a insultar y a soltar toda la rabia o la ira que tienen contenida. Esa parte del fútbol no me gusta nada. Mi roja es para la gente que falta el respeto, gente que insulta y que no debería estar en el transcurso de un partido de fútbol”.
De momento, piensa en seguir creciendo como futbolista, más que justificado su deseo de llegar a lo más alto. Pero, por si acaso, tiene una bala en la recámara. “Si por un casual lo de ser futbolista no se me da, el arbitraje siempre estará ahí, siempre lo podré retomar y continuar con mi carrera de árbitro”.