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Salva Esquivel, el corazón de España

Ejemplo de superación después de sufrir una taquicardia y una rotura de cruzado, de niño brilló en el baloncesto hasta que se decantó por los guantes
Mié, 30/09/2026 - 22:30

Una marca en el pecho le recuerda Salva Esquivel el peor día de su vida. Es un pequeño bulto que esconde el holter subcutáneo que le tuvieron que implantar después de que, el 7 de noviembre de 2023, sufriera una taquicardia en un Atlético-Celtic de la Youth League. Un susto morrocotudo, un susto que le tuvo ingresado durante días y que él mismo recuerda con todo tipo de detalles.

“El peor día de mi vida. Estaba acabado el partido y fui encontrándome un poco mal”, explica Esquivel. “Tenía dolor repetido en la zona del pecho y se me pasó rápido y no recuerdo mucho, pero fue una sensación muy mala. Estaba mi padre en el campo, mi madre lejos… Los primeros minutos desde que empiezas a tener idea de lo que está pasando sufres por ti, por miedo. Pero una vez que te ves bien y que todo parece controlado sufres por tu familia”, confiesa.

"Fue el peor día de mi vida, una sensación muy mala"

 En ese momento, la incertidumbre se apoderó de él, portero corpulento que ya forma parte de la primera plantilla del Club Atlético de Madrid y que defiende con orgullo la camiseta de la Selección española sub-21. “Los primeros días estaba el miedo de que se podía acabar el fútbol. Pero fue una rehabilitación muy rápida. Estuve ingresado varios días y haciéndome pruebas, pero no se me diagnosticó nada y se me dijo que estaba perfectamente capacitado para volver a jugar. Fueron semana y media o dos semanas y pude volver a competir”.

No ha vuelto a sufrir del corazón, lo dice el holter y sus sensaciones. De todo se aprende, dicen, y ese episodio, por momentos angustioso, fortaleció la personalidad del guardameta andaluz. “Ese día va a estar marcado para siempre. Todas las personas se piensan que esas cosas les pasan a los demás, y ya cuando eres joven ni te cuento. Me alegra pensar en lo que me he convertido gracias a ese día, pero ojalá no hubiera tenido que vivir eso”.

"Ese día va a estar marcado para siempre, pero ojalá no hubiera tenido que vivir eso"

Él, en cualquier caso, se acuerda a diario y luce en su brazo un tatuaje que le lleva a esa tarde otoñal en Alcalá de Henares. “Me sirve para muchas cosas. Mucha gente quiere olvidar ese momento cuando tiene un trauma, pero a mí me ayuda a sentirme fuerte, a sentir que he ido creciendo y en mi familia, en su apoyo”.

Ese apoyo lo ha sentido siempre, también cuando empezó a destacar en el mundo del deporte. Salva Esquivel hoy es portero, pero podría perfectamente estar anotando canastas en cualquier equipo profesional porque también brillaba en el baloncesto. Él mismo relata sus inicios: “Empecé en el equipo de mi barrio, en Estepona, gracias a la ayuda familiar que tenía y también a mi hermano, que compartíamos la misma pasión, él a nivel amateur. Y también jugaba al baloncesto, en el CAB Estepona. Recuerdo unos inicios muy felices, disfrutaba mucho tanto con el fútbol como con el baloncesto”. 

"También jugaba al baloncesto y disfrutaba mucho, pero la sensación de portero era incomparable"

La elección, en cualquier caso, fue la acertada, salta a la vista. “El baloncesto me complementaba, me hacía muy feliz, pero la sensación que tenía en la portería era incomparable. Era una sensación que me daba la seguridad de afirmar que el fútbol era el deporte que quería practicar toda mi vida”.

Por entonces ya era alto (ahora mide 1,94 metros) y se imponía bajo los aros, un reclamo incluso cualquier equipo. “Es verdad que probé varias veces con Unicaja. Era muy cabroncete porque había crecido antes que mis compañeros y utilizaba mi físico. Jugaba un poco de todo y la época que más recuerdo es la de la Andaluza. Jugaba de pívot y compartí pista con varios jugadores que ahora son profesionales como Álvaro Mena, Calos Varela, Álvaro Folgueiras, Mario Saint-Supéry…”. Eso sí, ninguna sensación comparable a la de aquella primera vez en la que se puso los guantes. 

Marcado también por una rotura en el cruzado de su rodilla izquierda, este miércoles 30 de septiembre ha soplado 21 velas en Rímini, hotel de concentración de la Selección española para preparar el duelo del jueves ante San Marino. “No es lo mismo que cumplirlos con mi familia, pero son chicos increíbles y me hacen sentir que mi cumpleaños es muy bonito, que lo voy a pasar bien y que estar concentrados con la sub-21 hace que merezca cumplir años hoy y cuando sea”.

"Pasar mi cumpleaños con la sub-21 hace que merezca la pena celebrarlo con ellos hoy y cuando sea"

No pide un regalo material, pero sí desea que el equipo dé la talla en Serravalle y se acerque a la clasificación para el campeonato de Europa de 2027. “El primer premio es ganar a San Marino, pero no hay mejor regalo que pensar en la clasificación para el Europeo y luego ya para los Juegos Olímpicos". Habla desde el corazón, habla desde el corazón de España.

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