Un pulpo llamado Silvia Cristóbal
Fue un regalo de su madre, algo que ella quería y que desde hace años la acompaña en cada viaje, sin faltar ni uno solo, en cada torneo y cada campeonato. Aquel pulpo azul que Silvia Cristóbal le pidió tantas veces a su madre y que un día obtuvo como regalo sorpresa es hoy mucho más que un simple peluche, mucho más que un regalo. En aquel momento ni su familia, ni ella, ni el propio pulpo se hubieran podido llegar a imaginar la de kilómetros y aventuras recorridos juntos. Desde entonces, no se ha separado de él.
De amuleto a apodo
La historia del pulpo no acaba en la mochila de Silvia. Ha terminado entrando en el vestuario de la Selección donde a la madrileña la conocen como 'Pulpo'. Aunque el origen del apodo no está exactamente en su inseparable compañero azul. Todo comenzó en un entrenamiento. Silvia parecía estar en todas partes, llegando a los balones y apareciendo en cada rincón del campo. La comparación con los tentáculos del cefalópodo fue inevitable. Una similitud con la fortaleza y la capacidad del cefalópodo de llegar con sus ocho brazos a muchos sitios a la vez. De ahí su apodo: "Sí, ahora pues me llaman pulpo porque dio la casualidad de que en un entreno estaba por todas partes en el campo estaba cortando balones y al final pues nada, hacer referencia a eso, a sus tentáculos, a que llegas a todas partes y así me pusieron".
Sin duda es una de las características del juego y de la personalidad en el campo de Silvia Cristóbal. La madrileña aparece para atajar el balón en cualquier momento y desde cualquier lugar llegando a un número incontable de jugadas en cada partido. Desde su timidez y humildad logra reconocer algunas de sus virtudes dentro y fuera del campo que le han valido el apodo de "Pulpo" en el vestuario de la Selección: "Soy una persona muy alegre fuera del campo, pero cuando estoy dentro me concentro al máximo, solo pienso en el partido, intento estar enfocada para cualquier acción y para que no se me vayan. Me considero una jugadora veloz, la velocidad sobre todo me caracteriza por encima de todo".
Un compañero de muchos kilómetros y con muchos sueños aún por cumplir
¡Si ese pulpo azul, que siempre está en el color y el lado sonriente (es reversible pero el morado está triste y no le gusta), hablara... cuántas cosas podría contar! Europeos, concentraciones, partidos... Un campeonato sub-17, uno sub-19, un subcampeonato del Mundo y ahora unas semifinales de un Mundial sub-20: "Hay muchísimas experiencias que hemos vivido juntos. Al final lo llevo a cada viaje y a cada partido. Yo creo que podrían ser los europeos que he ganado, al final, como hemos salido victoriosas, pues son los momentos más especiales que he pasado con él y ojalá que este Mundial pueda ser otro más". Un pulpo que, incluso cuando Silvia no está, como en el campeonato de Europa sub-17 de Suecia, saltó al campo para celebrar un gol con sus compañeras y no se perdió la celebración con su dueña escayolada tras lesionarse en las semifinales. 'Pulpito', como lo llama la defensa madrileña, es uno más del equipo, para ella y para sus compañeras.
Momentos memorables que han compartido juntos, y en los que también la ha acompañado su familia, su principal referente: "Suelo pensar en mi familia porque son los que me dan todo, los que me hacen ser como soy a día de hoy y los que han estado ahí para apoyarme en cualquier momento de mi carrera futbolística, tanto fuera como dentro". 'Pulpito' ha pasado de ser un regalo, a ser un amuleto, un compañero muy especial al que pretende seguir llevando por el mundo y recorriendo estadios. Tiene muy claro los próximos en los que lo quiere colar, y, sí, 'aceptamos pulpo' como animal de vestuario: "A corto plazo me gustaría que llegase a esa final del Mundial y poder celebrar esa victoria tan soñada juntos pero también a largo plazo, pues no sé, en un estadio, el Santiago Bernabéu me encantaría, por ejemplo".
El apodo encaja perfectamente con su talante y despliegue dentro del campo, con dos piernas que parecen multiplicarse como los ocho brazos del octópodo. Observarla jugar es verla como pez en el agua, o como pulpo en el césped. Una casualidad que ha terminado convirtiéndose en una parte más de su identidad futbolística y que hoy no se entienden la una sin el otro: "Le he cogido tanto cariño que si, es inseparable ya, viene conmigo a todas partes" y espera poder volver a España compartiendo sitio en la mochila con el trofeo de campeona del Mundo sub-20.